Entre los comentarios que se han hecho a mi libro, les comparto el realizado por el Dr. Raúl Trejo, Presidente de la Asociación Filosófica del Sureste:

 

 DE LA PRAXIS AL TEXTO… Y VICEVERSA

Raúl Trejo Villalobos

En mayo de 2003, Gabriel Vargas Lozano presentó una ponencia en el Tercer Coloquio de Filosofía de la Educación, organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México: “El papel de las humanidades, hoy”. Cuatro años después, en 2007, participó en la presentación de tres libros: El edificio de la razón, de Jaime Labastida; Tres retos de la sociedad por venir, de Luis Villoro; y, Ética y política, de su maestro Adolfo Sánchez Vázquez. En ese mismo año, impartió la conferencia “¿La filosofía tiene alguna función en la sociedad?”, en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Al año siguiente, en 2008, en esa misma Universidad, impartió la conferencia “Los desafíos de la filosofía para el siglo XXI”. En 2009, presentó en la Universidad de la Ciudad de México la ponencia “¿Incide la filosofía mexicana en la sociedad actual?”. Al final de ese año, presentó el libro Ser y quehacer de la Universidad, de su amigo y colega Francisco Piñón. Para 2010, en el marco de la celebración del Día de la Filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana, leyó el texto “Diez tesis sobre el papel de la filosofía en la educación y la sociedad”. Entre 2009 y 2012, al mismo tiempo que imparte clases e investiga, promueve la defensa de la filosofía, a través de la formación y la coordinación del Observatorio Filosófico de México, conjuntamente con José Alfredo Torres y Guillermo Hurtado.  Además, vuelve a sus textos, los revisa, los retoca, los amplia y los reúne, para hacerlos públicos de manera más extensiva, en el libro Filosofía ¿para qué? Desafíos de la filosofía en el siglo XXI (UAM/Ítaca, 2012).

En la versión actualizada y ampliada de “El papel de las humanidades, hoy”, Vargas Lozano inicia reseñando el texto “La muerte de las Universidades”, de Terry Eagleton, en donde plantea como idea central: la incompatibilidad entre la Universidad, con sus investigaciones humanísticas, y el capitalismo avanzado. Para profundizar en el asunto, enseguida presenta un recorrido histórico de las distintas formas en que se ha asumido la educación y la formación de los ciudadanos. Así, pues, se refiere a la Paideia de la Grecia Clásica, a la Humanitas de la época del Imperio Romano, a la Paideia Christu de la Edad Media, a la Yecnemelistli de algunos pueblos mesoamericanos, a la Bildung de los alemanes de finales del siglo XVIII y principios del XIX, a los ideales positivistas de los mexicanos del siglo XIX, al Arielismo de los americanos de principios del siglo XX. la idea central de este recorrido consiste en constatar que en todos y cada uno de estos ideales educativos y formativos la filosofía, las letras y la cultura han constantes.

En el apartado titulado “La filosofía ¿tiene alguna función social?”, después de referir la anécdota de Tales de Mileto según la cual se critica la actitud contemplativa y desinteresada de la realidad concreta, Vargas Lozano enumera una serie de funciones que ha tenido la filosofía en la sociedad históricamente. De este modo, expone que la filosofía ha sido constantemente una serie propuestas para una sociedad justa, en donde señala, entre otros, a Platón, Habermas y Rawls; asimismo, ha tenido la función de plantear las formas de entender las relaciones de poder, donde refiere a Puffendor, Groccio, Hobbes, por ejemplo; ha sido, además, constructora de utopías, donde no faltan los clásicos Moro, Campanella y Bacon; de igual manera, ha jugado el papel de legitimadora y crítica de las ideologías, donde destaca Marx, varios marxistas del siglo XX y Adolfo Sánchez Vázquez; sin dejar de tener una función conceptualizadora, por ejemplo, con los temas de la modernidad, la posmodernidad y la transmodernidad; y, finalmente, haber sido y ser un paradigma de respuestas interdisciplinarias, haber sido y ser una serie de propuestas para la democracia y para enfrentar la crisis de sentido.

A manera de complemento sobre el papel de las humanidades y las funciones sociales de la filosofía, aparece “Los desafíos de la filosofía para el siglo XXI”. En este texto, nuestro autor hace un diagnóstico sobre los cambios que ha habido en el mundo desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Para efectos de comprender nuestro tiempo, ejemplifica los distintas crisis  y transformación del mundo que se han dado de la Antigüedad a la Edad Media, de ésta a la época del Renacimiento y de ésta a la Ilustración. Después de plantear algunas problemáticas de la modernidad, la transmodernidad y, primordialmente la violencia en la que actualmente vivimos, refiere el valor que ha tenido la filosofía en los momentos de cambios históricos. Dice: “La filosofía implica libertad de pensamiento  y de palabra, proporciona instrumentos para el empleo de una buena argumentación, fomenta la igualdad y el respeto al pluralismo, plantea la duda metódica sobre los grandes problemas, ejerce la crítica a los poderes establecidos, forma espíritus libres y reflexivos como antídoto al fanatismo y contribuye a la formación de ciudadanos ejercitando su capacidad de juicio” (p, 28), ampliando notoriamente las funciones sociales de la filosofía indicadas en el texto anterior.

Otras cuestiones que ya ha tocado Vargas Lozano de manera general en los textos ya reseñados son: las sugerencias o recomendaciones que ha hecho la Organización para el Desarrollo y Desarrollo Económico (OCDE), y sus extensiones a través del proyecto Tuning o plan Bolonia, a distintos países en materia educativa para anular las asignaturas filosóficas y humanísticas, por un lado; y, por otro, las sugerencias y recomendaciones que ha hecho la Organización para las Naciones Unidas para la Educación (UNESCO)  en el sentido de promover espacios para la formación y reflexión filosófica en los distintos niveles educativos. Estas cuestiones vuelven a aparecer, de manera concreta y específica, en “¿Incide la filosofía mexicana en la sociedad actual?” y “La filosofía y las humanidades y su no lugar en la Reforma de la Educación Media Superior puesta en marcha por la Secretaria de Educación Pública”.

En el primero de estos, Vargas Lozano refiere el poco o nulo interés del gobierno mexicano por la filosofía y las humanidades desde 2004, misma que posteriormente se convirtió en política educativa; asimismo, expone el poco o nulo interés de los medios masivos de comunicación por la divulgación de la filosofía, así como la reacción de los filósofos ante esta situación y la introducción del neoliberalismo en el país. Dice: “En lo que se refiere a las tendencias de la investigación, la reacción ha sido diversa y compleja. Por un lado, los filósofos han tenido que someterse a una lógica productivista impuesta a las universidades por los últimos regímenes; sin embargo, por otro lado, han gozado de libertad de investigación gracias a la tradición de la autonomía universitaria que ha sido preservada en las instituciones públicas y a la escasa incidencia en la vida pública de las reflexiones que se producen en ellas” (pp, 57 y 58). Ante la pregunta ¿qué podemos hacer?, el autor propone una reforma de la enseñanza de la filosofía, en las que se incluyan, entre otras cosas: la organización de cursos de didáctica de la filosofía, cursos que tengan que ver con la historia de la filosofía en México, cursos y programas de estudio en los que se establezca la relación de la filosofía con otras disciplinas y la creación de espacios para el diálogo entre diversas posturas filosóficas con temas comunes.

En el segundo de los trabajos, Vargas Lozano hace un recuento desde la publicación de los acuerdos que plantean la Reforma Educativa en 2008, pasando por la creación del Observatorio Filosófico en 2009, el acuerdo 488 ­–en donde se propone reinstalar las asignaturas filosóficas en la Educación Media Superior– y los constantes desplegados, declaraciones y boletines que se han publicado, además de otras acciones ­–como la organización de un Coloquio en el Instituto de Investigaciones Filosóficas–, desde 2009 hasta 2012. De acuerdo al título que le hemos puesto a esta reseña, “De la Praxis al texto y viceversa”, en este último trabajo, bien se pueden ver y preciar los principios y las convicciones que mueven a Vargas Lozano como defensor de la filosofía.

Tales principios y convicciones encuentran su expresión en “Diez tesis sobre el papel de la filosofía en la educación y la sociedad”. Breve y esquemáticamente, dichas tesis son: 1.- la filosofía es un derecho educativo, 2.- la filosofía contribuye a la conformación de una sociedad democrática, 3.- la filosofía contribuye a una concepción cultural del hombre (es decir, contrario a una concepción mercantilista), 4.- la filosofía legitima o critica formas de dominio, 5.- la filosofía tiene al menos cinco formas de enseñanza, 6.- la filosofía tiene una función social, 7.- la filosofía es crítica de los saberes y es una teoría general de las formas culturales, 8.- la filosofía es formación de mentes críticas, 9.- la filosofía es acción (y una de sus acciones es su difusión) y 10.- la filosofía transforma el mundo.

Hasta aquí, pues, los seis trabajos que conforma la primera parte del texto. La segunda, la conforman las cuatro presentaciones de libros. Uno, sobre la universidad; otro, sobre la razón; uno más, sobre la justicia, la democracia y la pluralidad cultural; y, por último, algunas reflexiones sobre la relación entre la ética y la política, de raigambre marxista. No queremos dejar de señalar que, en buena medida, estos textos reflejan un ir más allá de la presentación de los libros como tales. Es decir, en estos, Vargas Lozano aprovecha el espacio para otros tipos de praxis: el diálogo y la crítica.

A manera de síntesis, queremos traer una cita considerablemente extensa, toda vez que en ésta alcanzamos a notar la respuesta a la pregunta que le da título al libro, si bien estas ideas se encuentran en todo el libro. Dice Vargas Lozano: “Finalmente, la filosofía puede desarrollar hoy, como lo ha hecho siempre, nuevas ideas sobre lo que puede ser la sociedad del futuro. Ante la crisis del llamado ´socialismo realmente existente´ y del capitalismo globalizado se requiere un nuevo paradigma fundado en el análisis de la crisis de valores existente y en la confrontación dialógica que permita al individuo orientarse en los conflictos sociales. Lo que he señalado hasta aquí bastaría para demostrar la importancia y necesidad de la filosofía en el mundo de hoy. Sin embargo, muchos responsables de los sistemas educativos menosprecian la reflexión filosófica, acentúan las ideologías tecnocráticas y pretenden ignorar estas funciones de la filosofía. Este hecho nos enfrenta con un grave problema de nuestras sociedades: la gradual marginación y sustitución del pensamiento reflexivo por un psuedo-pensamiento que sirve para justificar una sociedad sujeta a procesos de deshumanización creciente. Quienes nos dedicamos a la filosofía tenemos por delante la tarea de demostrar la importancia y el significado que ha tenido la filosofía a lo largo de la historia; hacer valer nuestras tradiciones filosóficas y profundizar en su significado para la cultura mexicana y latinoamericana, pero sobre todo mostrar su necesidad para el mundo actual” (pp, 44 y 45).

Dicho de otra manera: volvamos de los textos a la praxis…

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Mesa UNAM

El día 29 de abril de 2013, se presentó, en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, mi más reciente libro cuya primera edición está prácticamente agotada y se prepara una segunda. El acto fue organizado y presidido por la Dra. María del Carmen Rovira, Presidenta del “Seminario permanente de filosofía mexicana” y participaron como comentaristas, el Dr. Victórico Muñóz Rosales, especialista e impulsor de los estudios sobre la filosofía mexicana; la Mtra. Diana Fuentes, especialista en filosofía política quien recientemente coordinó un volumen de homenaje al filósofo Bolívar Echeverría y el Dr. Ambrosio Velasco Gómez, exdirector de la Facultad de Filosofía y Letras e investigador del IIF-UNAM. Los tres plantearon interesantes puntos de vista sobre el libro y coincidieron con las tesis fundamentales que se exponen en él y que son las siguientes: 1) El mundo de hoy se encuentra sumido en una severa crisis y por tanto, requiere urgentemente de la reflexión filosófica; 2) a pesar de ello, en nuestro país, la filosofía brilla por su ausencia en la educación y en el ámbito público; 3) hay que estudiar las razones externas (la tendencias estructurales de la actualidad) e internas (el propio desarrollo de la filosofía en nuestro país) para que la filosofía cumpla sus diversas e importantes funciones que han sido parte de una reflexión milenaria y que han señalado diversos caminos para la sociedad; 4) entre las causas externas de la escasa presencia de la filosofía en nuestra sociedad, nos encontramos, en fechas recientes, una profunda tendencia en contra de la filosofía y las humanidades que no tiene precedentes en la historia y que está vinculada a la forma en que se está desarrollando el sistema bajo la revolución tecnológica y el neoliberalismo. Esto se demostró claramente en 2008, cuando el gobierno mexicano inició la “Reforma Integral de la Educación Media Superior” (RIEMS) en la que suprimió, sin argumento alguno, el área de humanidades y las materias filosóficas de los planes y programas de estudio en ese nivel. En nuestro caso, afortunadamente, la comunidad filosófica nacional (con el decidido apoyo de la comunidad científica, cultura e internacional) se unió a la lucha que condujo el Observatorio Filosófico de México (www.ofmx.com.mx) y pudo lograr que en 2009, primero y en 2012 después, se incorporaran de nuevo, en forma plena, tanto el Área de humanidades como las materias filosóficas de Ética, Lógica, Estética e Introducción a la filosofía como obligatorias, sin embargo, a pesar de que la disposición se publicó en el Diario Oficial de la Federación, hasta ahora no se ha llevado a la práctica en los diversos sistemas que componen la educación media superior; 5) pero en la lucha por la reivindicación de la filosofía, los miembros del Observatorio llegaron a la conclusión de que esta ofensiva en contra de las humanidades y la filosofía no era una expresión local sino una estrategia internacional derivada de las disposiciones de la OCDE para todos los países miembros, en el plano educativo. En efecto, hay muestras de ello no sólo en los documentos emitidos sino en países como Estados Unidos, Inglaterra, de Centroamérica y Europa. Uno de las últimas manifestaciones de esta política es lo que está ocurriendo actualmente en España en donde el gobierno, mediante una reforma educativa quiere eliminar el 66% de las materias filosóficas de la educación secundaria y preparatoriay frente a la cual luchan los filósofos que se han organizado en la Red Española de Filosofía (REF) Ahora bien, la supresión de la filosofía y las humanidades no es frontal y con argumentos sino en forma silenciosa y autoritaria. Simplemente se les omite en el proyecto de educación que anima mundialmente esta institución basada en el método de competencias; 6) frente esta situación, en Filosofía ¿para qué? se hace un análisis de esta problemática y se propone, apoyándose en la propuesta de la UNESCO, La filosofía, una escuela de la libertad publicada por primera vez en español en 2011 por la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa  y que se puede consultar en la página electrónica del “Centro de documentación en filosofía latinoamericana e ibérica de la UAM-I” (www.cefilibe.org) que la filosofía debe enseñarse en todos los ámbitos (todo el sistema educativo, cultural, científico, político) y a todas las edades (niños, adolescentes, adultos). Si por un lado se pretende restringir la enseñanza de la filosofía, por el contrario, debemos emprender una contra-ofensiva manteniendo las materias filosóficas en la Educación Media Superior pero también ampliando las dimensiones de su educación a toda la sociedad. Ello implica que se operen cambios importantes en la enseñanza de la filosofía en las Facultades porque es evidente que no es lo mismo enseñar a la filosofía para los que se van a dedicar profesionalmente a ella que a personas que van a incorporar la reflexión filosófica en sus diversas actividades. Hoy la comunidad filosófica nacional enfrenta tres grandes tareas: a) sostener y reforzar a la enseñanza, investigación y difusión de la filosofía allí donde existe; b) ampliar la enseñanza de la filosofía a otros medios mediante procedimientos específicos y c) iniciar un análisis conjunto con los profesores e investigadores de otras disciplinas para mostrar la importancia de la filosofía en ellas;  7) pero la pregunta final es ¿para que se desea que la filosofía influya en la sociedad? La respuestas pueden ser muchas, sin embargo, diríamos que si la filosofía es, por esencia, portadora de una racionalidad para que la sociedad y los individuos conduzcan su acción hacia una situación mejor y más justa y si una de sus funciones es la promoción de una auténtica democracia, entonces la filosofía puede contribuir a constituir una ciudadanía activa que demande que el poder se ponga al servicio de esa misma ciudadanía y no a favor de minorías privilegiadas. Naturalmente esto significa optar por un tipo de filosofías que propicien ese fin frente a otras que, sin demeritar su profundización en otros aspectos de la naturaleza humana, no están interesadas en dicho fin. El libro aboga por una filosofía crítica y se opone a una filosofía legitimadoras; por una filosofía basada y relacionada pero no subordinada a la ciencia; por una filosofía emancipadora y desalienadora y, finalmente, por una filosofía que proponga soluciones (y no solo preguntas) a los grandes problemas por lo que atraviesa la humanidad: la crisis ecológica; la extrema desigualdad entre pobres y ricos; los efectos de la revolución tecnológica; la crisis de valores; el diálogo entre culturas; la extrema injusticia global y la extrema violencia a que están sometidos nuestros países, entre muchos otros.

En las diversas presentaciones del libro que se han llevado a cabo podemos mencionar las de: la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapala; la Feria del libro realizada en el Zócalo de la Ciudad de México; la Casa de la Primera Imprenta como parte de las actividades de la Reunión de CLACSO; la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM; el IEMS del Distrito Federal; la Feria Internacional del libro en el Palacio de la Minería y el Instituto de Filosofía de Guadalajara. En muchas de ellas ha estado presente como auspiciadora, la Editorial Ítaca. En las presentaciones, destacados investigadores han expuesto valiosos puntos de vista que han enriquecido, ampliado y complementado lo que hemos escrito. Pero además he recibido directamente excelentes comentarios de investigadores nacionales y del exterior. De eso se trata, de formar una corriente de opinión que participe en la defensa de la filosofía, independientemente de las convicciones que cada quien tenga. Todos sus aportes serán evaluados e incorporados en la nueva edición. Doy las gracias a los que han participado en esta reflexión colectiva.

En días pasados, el Jefe de Gobierno del D.F., Dr. Miguel Ángel Mancera, en un importante acto instaló el “Consejo de Fomento y Desarrollo Cultural” del Distrito Federal(La Jornada, 26 de abril) En este consejo figuran destacadas personalidades de la música, arquitectura, antropología, dirección artística con la notable excepción de la filosofía. De igual forma, la titular de la Secretaría de Cultura, Lucía García Noriega destacó la importancia del desarrollo cultural y el amplio programa que piensa realizar pero nunca se le ocurrió que la filosofía forma parte esencial de la cultura mexicana y se encuentra presente desde el pensamiento indígena; la Colonia; la Independencia; La Reforma; la Revolución y durante todo el siglo XX y lo que va del XXI. Nunca se refirió al poeta-filósofo Nezahualcóyotl y los tlamatinime (estudiados con tanta maestría y pasión por Don Miguel León Portilla); a Bartolomé de la Casas, Alonso de la Veracruz, Antonio Rubio, a Sor Juana Inés de la Cruz, Sigüenza y Góngora, la influencia de los filósofos de la Ilustración en la Independencia (y para muestra la presencia de Rousseau en Morelos y en la Constitución de Apatzingán); Gabino Barreda fundador de la Escuela Nacional Preparatoria; el Ateneo de la Juventud, Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Samuel Ramos, el grupo Hiperión, Luis Villoro, Emilio Uranga, Joaquín Sánchez McGregor; Ricardo Guerra; Leopoldo Zea; los filósofos el exilio español: José Gaos, Eduardo Nicol, María Zambrano, Wenceslao Roces, Sánchez Vázquez (nombrado “Maestro de la Ciudad”), Eugenio Imaz, Gallegos Rocafull, García Bacca, Joaquín y Ramón Xirau, Carmen Rovira; filósofos como Eduardo García Máynez; Francisco Larroyo, Graciela Hierro; Rosa Krauze, Vera Yamuni, Jaime Labastida, Fernando Salmerón, Eli de Gortari, Alberto Híjar, Enrique González Rojo y tantos otros. ¿Deberíamos enviarles un texto evaluando su aportación a la cultura nacional? Para el Gobierno del D.F. y su Secretaria de cultura, todos ellos no son nada y la filosofía no cumple ningún papel en la cultura mexicana. No es posible que se siga ignorando a estas alturas el papel y la importancia de nuestra reflexión filosófica.

Gabriel Vargas Lozano, Alfredo Torres y Guillermo Hurtado (coordinadores del Observatorio Filosófico de México); Mario Teodoro Ramírez (Presidente de la AFM), Ausencio Pérez (Presidente de Ixtli); Virginia Sánchez (Presidenta del Círculo mexicano de la lógica); Eduardo Sarmiento (Cefilibe-UAM-I); Ángel Alonso (CCH-UNAM); Observatorio Filosófico de Morelos (Lucía Agraz, Estafanía Agraz), Juan Armando Ramírez (UNAM) y mucho más.

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Acabo de publicar un libro en el que pretendo responder a una pregunta que se hace con frecuencia: filosofía ¿para qué?, es decir ¿para qué sirve? Con esta pregunta, se pretende descalificar a nuestra disciplina y a quienes nos dedicamos a estudiarla, enseñarla y difundirla.

En el libro expongo una gran cantidad de razones que dan cuenta del porqué existe la filosofía. Pondré algunos ejemplos: Aristóteles en su libro La política, después de analizar las diversas constituciones del Ática, hace una caracterización y busca un justo medio para proponer un tipo de sociedad que permitiera lograr una vida mejor para sus habitantes. La filosofía, entonces, ha propuesto, desde los griegos hasta hoy, teorías sobre lo que debería ser una sociedad más justa. En este sentido, en el libro reflexiono, por ejemplo, sobre las tesis sostenidas por el filósofo mexicano Luis Villoro para que nuestra sociedad alcance un mejor desarrollo. Villoro dice: debe haber democracia real y efectiva; debe haber reconocimiento de la pluralidad de culturas y debería haber una concepción de lo que no es justo. De igual forma, analizo las tesis de Sánchez Vázquez en su libro Ética y política, en donde expone las diversas formas que adopta esta relación. Por ejemplo, cuando se suprime la ética y queda el puro pragmatismo como lo estamos viendo todo el tiempo en nuestra sociedad;  cuando se busca una política subordinada a la ética como ocurre con el poeta Javier Sicilia en su fuerte denuncia en contra de la  violación de los derechos humanos y otras posibilidades más. 

Otro ejemplo son las utopías. Como sabemos, en el Renacimiento, a causa de múltiples factores, empieza a surgir una nueva idea del mundo y serán los utopistas (Moro, Campanella, Bacon) quienes, en un ejercicio extraordinario de imaginación van a plantear al mismo tiempo, un nuevo horizonte y una crítica indirecta a la sociedad en que estaban viviendo.

Pero que mejor para ilustrar la función de la filosofía que los enciclopedistas: Rousseau, realizando una crítica al absolutismo a partir de la afirmación de la democracia directa; Montesquieu, proponiendo la tripartición del poder  para que no se concentrara todo en uno; Voltaire apuntando a la separación entre Iglesia y Estado, entre otros. ¿Qué es lo que estaban haciendo estos filósofos? Proponiendo una nueva organización de la sociedad que hoy llamamos modernidad.

Pero la filosofía tiene muchísimas funciones más en torno a la ciencia, la técnica, la sociedad, el hombre actual, la posmodernidad, la deshumanización, la barbarie, etc.,etc.

La tesis que se defiende en el libro es que la filosofía no sólo sirve sino que es indispensable para una sociedad porque, cuando es “buena filosofía” es portadora de una racionalidad crítica y humanista.

Cuando el gobierno actual (y que está a punto de irse) a través de la SEP, eliminó el estudio de la filosofía en el bachillerato, lo que pretendía era que los estudiantes de ese nivel, no adquirieran los elementos de una conciencia crítica del mundo y de sí mismos sino que sólo se dedicaran a conocer lo estrictamente vinculado a sus futuros oficios o profesiones. Afortunadamente la comunidad filosófica acompañada por muy destacados miembros de las comunidades científica y cultural pudieron parar esta ofensiva en el terreno de la educación. En el libro se describe también esta lucha que sigue hasta la actualidad.   

 Los temas que abordo son:

Los desafíos de la filosofía para el siglo XXI; La filosofía ¿tiene alguna función en la sociedad?; ¿Incide la filosofía mexicana en la sociedad?; Diez tesis sobre el papel de la filosofía en la educación y la sociedad. Reflexiones en torno a La filosofía, escuela de la libertad de la UNESCO. La filosofía y las humanidades y su (no lugar) en la Reforma Integral de la Educación Media Superior de la SEP. El papel de las humanidades, hoy.

Y en una segunda parte, se recogen mis estudios sobre los libros de los filósofos  Francisco Piñón, Ser y quehacer de la Universidad; Jaime Labastida, El edificio de la razón; Luis Villoro, Tres retos de la sociedad por venir y Adolfo Sánchez Vázquez en su Ética y política.  

Solo quisiera agregar que quienes nos dedicamos a la filosofía tenemos mucho que hacer para que nuestra disciplina sea entendida por la mayoría de los ciudadanos y ya no sea posible la pregunta de: filosofía ¿para qué?

 

Siempre Tv

Firmas de apoyo

El capitalismo ha llevado a la humanidad a una crisis de los sistemas ecológicos; ha producido un fenómeno de cosificación extensiva e intensiva de las relaciones humanas; ha creado una situación en la que una minoría lo tiene todo y amplias mayorías carecen de lo más indispensable; ha utilizado la tecnología para masacrar pueblos con el único propósito de apoderarse de las riquezas del subsuelo o adquirir una posición estratégica.

El capitalismo, además, constituye un problema que no es sólo económico y político, sino también moral, psicológico y ético: ha producido un ser humano degradado desde el punto de vista de lo que debería ser el desarrollo de su personalidad.

No nos queda otra opción que escapar del capitalismo. Pero, ¿cuál es la sociedad que podrá sustituir al capitalismo?, ¿cuáles podrían ser las formas que deberá adoptar una nueva racionalidad? ¿Cómo pensar la economía, la democracia, la ética, la moral, la religión, el estado, las prisiones, la guerra, la igualdad, la libertad, la fraternidad, etc.?

El fracaso de los experimentos de Rusia y China nos ha dejado provisionalmente sin proyectos socialistas propios y han propagado el desánimo en el mundo entero. Cuando un experimento comunitario fracasa, cuando los kibbutzim israelíes abandonan los principios de igualdad e instauran el trabajo asalariado, cuando Mondragón es controlado por los bancos y se convierte en otra institución capitalista, se genera desánimo, pero recordémonos a nosotros mismos que las instituciones humanas fallan una y otra vez, y que debemos continuar luchando por una vida mejor en un mundo mejor.

Este libro ofrece, pues, un proyecto socialista reconfigurado, una crítica del capitalismo y la imagen de una sociedad alternativa. Los ensayos que lo conforman miran hacia atrás en la historia del movimiento socialista, tratando de encontrar lo que nos conecta con esa historia y lo que hemos aprendido para “hacer” de manera muy diferente, perfilando una visión socialista del mundo que constituye un nuevo socialismo.

HACIA UN NUEVO SOCIALISMO (CONTENIDO)

El 17 de diciembre del año pasado, el crítico literario Terry Eagleton, publicó en el periódico The Guardian, un artículo titulado “La muerte de las Universidades”. En él, expone una interpretación sobre el movimiento de protesta en contra del encarecimiento de las colegiaturas en la educación superior en Gran Bretaña.

Su tesis es que existe un problema de fondo: el intento, por parte del capitalismo avanzado de transformar a las Universidades en “instalaciones de entrenamiento técnico o en institutos de investigación corporativos” eliminando los estudios humanísticos.

Eagleton dice que la desaparición de las humanidades en la Universidad es absurdo ya que sería como si desapareciera el alcohol en los pubs o la egolatría en Hollywood. En otras palabras, que las Universidades son la esencia de la Universidad:

“Las humanidades deberían constituir el corazón de cualquiera universidad digna de ese nombre. El estudio de la historia y la filosofía, acompañados de algún conocimiento de arte y literatura, deberían ser tanto para los abogados e ingenieros como para los que estudian en las Facultades de Artes”.

Eagleton expone otras cuestiones interesantes más en el artículo pero lo anterior nos permite confrontar con lo que están realizando los discípulos más avanzados del capitalismo actual en el subdesarrollo: la Secretaría de Educación Pública del gobierno mexicano.

En efecto, como se sabe, en 2008, el actual gobierno panista puso en marcha, mediante la publicación de acuerdos secretariales en el Diario Oficial de la Federación, una reforma educativa de la educación media superior de gran trascendencia porque atañe a millones de estudiantes. Lo extraño es que esta reforma (RIEMS) no haya suscitado una amplia discusión pública o que la Cámara de Diputados, a través de su comisión de educación, no haya tomado cartas en el asunto.

La RIEMS ha implicado la creación de un “Sistema Nacional del Bachillerato” que impondrá un orden. Este orden se definió en los acuerdos, por medio de la definición de un plan de estudios que comprende las áreas de matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales y comunicación. En otras palabras, desapareció la tradicional área de humanidades y las disciplinas filosóficas fueron enviadas, mediante dos líneas, a cumplir una función que llaman “transversal”.

Sobre este asunto de la “transversalidad” ya sabemos lo que ha ocurrido en otras partes: simplemente la desaparición de las disciplinas filosóficas. ¿Cuáles fueron las razones que las autoridades se adujeron para realizar esa desaparición? No la encontramos en ninguna parte. ¿A qué instancia académica o asociación filosófica consultaron? A ninguna.

Se trata de una decisión hecha por un grupo tecno-burocrático a partir de una misión, para ellos, fundamental: adiestrar a millones de estudiantes para que cumplan, en forma competente, en la medida de lo posible, una función subordinada en el sistema productivo o mercantil.

Esta no es una idea original sino que sigue las indicaciones de la OCDE, a la que México pertenece desde hace algunos años y en cuyos índices de educación ocupa el último lugar después de Turquía.

El procedimiento es, justamente volver a la institución educativa una “instalación de entrenamiento técnico” y egresar del bachillerato a individuos sin conciencia o conocimiento del mundo en que viven; considerando que la ética es un asunto religioso; el arte y la literatura, disciplinas inútiles; la filosofía como un saber inútil y la lógica, una disciplina innecesaria.

En 2009, la comunidad filosófica, cultural y científica protestó en forma unificada y contundente y el gobierno se vio obligado a iniciar una serie de conversaciones con el Observatorio Filosófico de México que es la organización que representa a las principales asociaciones de filosofía del país y estas concluyeron en la formulación del Acuerdo 488 publicado en el Diario Oficial de la Federación, con la firma del titular de la SEP, Maestro Alonso Lujambio y con declaraciones por parte de las autoridades en el sentido de que “de ninguna manera estaban en contra de la filosofía y las humanidades sino todo lo contrario” lo que recuerda una famosa frase del ex presidente Luis Echeverría quien se hizo famoso por la frase de que no estaba ni con unos ni con otros sino todo lo contrario.

La comunidad filosófica respiró porque creía que se habían salvado las materias filosóficas y que se había logrado que prevaleciera la razón. Sin embargo, a principios de enero de 2010, las autoridades convocaron al OFM y les expresaron, palabras más o palabras menos pero que están grabadas, que no podrían cumplir el Acuerdo y que no podrían tampoco proseguir las reformas que se requieren para preservar una educación de calidad, esto es: el restablecimiento del área de las humanidades; el establecimiento de criterios de selección de profesores porque ahora cualquier persona puede impartir clases de filosofía (con la excepción de la UNAM, institución que no sólo se ha deslindado de la RIEMS sino que ha apoyado con fuerza la lucha de la comunidad filosófica) y la realización de cursos de actualización de profesores.

La sorpresa y el desaliento fue mayúsculo: la comunidad filosófica había sido engañada y burlada. El actual responsable de la educación oficial en México, cuyos antecedentes fueron Justo Sierra; José Vasconcelos, José Torres Bodet, Agustín Yañez y otros, no cumple los acuerdos que firma y publica en el Diario Oficial de la Federación.

A fines de 2010, en el marco del XVI Congreso Interamericano de filosofía celebrado en Mazatlán, Sinaloa, los asistentes firmaron una carta dirigida al Presidente Felipe Calderón y al Secretario de Educación Pública, exigiéndole que cumpla con el Acuerdo 488, sin embargo, las dos autoridades han puesto oídos sordos a la petición que contiene las firmas, entre otros, del Dr. William McBryde, Presidente de la FISP; la actual Presidenta de la Sociedad Interamericana de Filosofía, Dra. Paulette Dieterlen; el Observatorio Filosófico de México y una serie de asociaciones entre las que se encuentran la “Red Nacional de Escuelas de Filosofía, Letras, Historia y Humanidades” y la “Asociación de historiadores en ciencias y humanidades”.

Hasta ahora, no ha habido ninguna respuesta. Ello quiere decir que se requiere más presión nacional e internacional ante este hecho que de ninguna manera es local sino que atañe al lugar que el neoliberalismo quiere dar a las humanidades y a la filosofía y finalmente al pensamiento crítico y reflexivo.